8 Carta magna ... La locura

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Cartas para una tertulia 1996

8 Carta magna ... La locura


Esto no es una elegía (en multimedia)

Tú me recuerdas el prado de los soñadores, el muro que nos separa del mar si es de noche.

Tú me recuerdas sentada ciertos sentimientos que nunca se sabe que traen en las alas, si vivos o muertos.

Me quito el rostro y lo doblo encima del pantalón, si no he de decir tu nombre, si ajeno se esconde no quiero expresión.

Suelen mis ojos tener como impresos sus sueños, mis sueños.

Tú me recuerdas las calles de La Habana vieja, la catedral sumergida en su baño de tejas, tú me recuerdas las cosas, no sé, las ventanas donde los cantores nocturnos cantaban, amor a La Habana

Esto no es una elegía, ni un romance, ni un verso, mas bien una acción de gracias por darle a mis ansias razón para un beso

Una modesta corona encontrada en la aurora:
Tú me recuerdas el mundo de un adolescente, un seminiño asustado mirando a la gente, un angel interrogado, un sueño acostado, la maldición, la blasfemia de un continente, y un poco de muerte

Silvio Rodriguez

8 Carta magna ... La locura

Estaba yo sentado al sur del universo y por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender tocaba con mis manos esta Carta Magna.

Un extraño sensor situado en la punta de mis dedos pulgar e índice de ambas manos me hizo pensar como es posible que un solo sensor se ubicara simultáneamente en cuatro puntos distintos, pero mi mente circulaba a gran velocidad y pronto dejó de tener importancia una cuestión tan banal, probablemente pensé que se trataría del sentido del tacto y, como tal, era percibido como único y podía permitirse el lujo de andar en varias partes.

De pronto un estallido de luz me ha llevado al presente, aquí uno se encuentra mucho más a gusto, en mis dedos sigo manteniendo contacto con esta carta y un flujo eléctrico de baja intensidad circula por mi sistema nervioso, mientras yo me maravillo de que los nervios no me los enseñaran en el colegio, excepto a la hora de las comidas, cuando la carne se entremezclaba entre ellos.

La corriente eléctrica llega a mi cerebro, probablemente cerca del cerebelo y sin esfuerzo aparente una máquina prodigiosa dice “Coño, esto es un papel”. El impulso eléctrico ha sido descifrado y la mente de ese que escribe ya sabe que esto que tengo en la mano es un papel. El movimiento ha sido tan rápido, que apenas he podido darme cuenta de lo que pasaba.

Quizás porque mis ojos están clausurados, o porque tu andas cerca de allí, pero mi mente aparta esa vulgar idea del cerebelo y la echa sobre la mesa de operaciones. La disección se inicia en la parte mas conocida de la idea ¿Me explico?, ¿ Me entiendes?

¿Es que no sabes lo que piensas cuando en tu mente aparece “coño, un papel”?

Te lo podría intentar explicar, pero quien mejor que tu mente te puede dar el “La”, el tono de lo que es un decodificado de sentido del tacto representado por “papel”.

De una cosa estoy seguro, aunque estemos en el sur del universo y tú y yo seamos los únicos que interaccionamos en esta parte del... ¿del mundo? nos hemos entendido, no hay lugar a dudas de que esta idea la tenemos sobre la mesa, la tenemos identificada y podemos empezar la operación sobre la idea “papel”.

Corte de bisturí y como se esperaba el decodificado es distinto del codificado, mantienen una extraña relación que sólo el decodificador que lo decodifica conoce, y tu y yo tenemos todos los elementos de la relación, pero seguimos atónitos sin descubrir como funciona esta maquina de resolver puzles. Pones la misma cara que el día que desmontaste el mando a distancia y se te habían adelantado robando la ballesta con flechas y todo.

Pero no te cortes y tira de bisturí, por cierto ya tienes los nervios hechos trizas y aquí no hay ni mensajes ni impulsos eléctricos ni señales de humo. Con la ayuda de un gran martillo multisecciono los sensores del tacto sobre el yunque de la verdad y se quedan como un termómetro... No hay dios que recoja el dichoso mercurio, pero me parece que aquí sólo había un poco de magia...

Diseccionando la idea de papel, disponemos de un codigo descodificado y de una maquina decodificadora, pero somos incapaces de encontrar el codigo codificado. Ese codigo que recorre nuestro sistema nervioso ha sido codificado por el sentido del tacto partiendo de... de... de algo absolutamente desconocido que una vez codificado y descodificado toma el simbolismo de “papel”...

Una mariposa se posa sobre el papel y esto le salva de caer en manos de nuestro método científico. El papel ya no será objeto de nuestro conocimiento, claro que, con la carrera que llevábamos y teniendo en cuenta que cuanto mas lejos están las cosas de nosotros, mas difíciles son de conocer, no se habrá perdido gran cosa.

La mariposa te sorbe el seso con su espiritrompa y tú sin enterarte!. Yo no te aviso, porque mi espíritu científico está cansado después de tanto experimento y he decidido verlas venir. Eres un espectáculo mariposeante, alucino viéndote así, ¿Hay si te vieras?, Probablemente verías lo mismo que estas viendo en mí. Pero el “lo que sea” que me sorbe el seso a mí es demasiado grande para que yo lo vea incluso teniendo los ojos clausurados. Como no puedo ver lo que tú debes de ver paso de todo y me río de la situación. Soy feliz, aunque ahora parece que no pasa nada que te pueda contar. Es cuestión de tiempo, pero mientras te contoneas al sol, sopla un gélido viento del norte. Una mente preocupada me pregunta por el futuro y mientras yo intento decirle que eso no existe la mente cristaliza en gélido sufridor.

Estos elementos del norte universal son bastante normales y ahora se lamentan de no saber donde están. Con gesto sencillo y una sonrisa les muestro tu mente sorbida y feliz para tranquilizarles, pero su cara de espanto y el desconcierto de algo, que a mí me parece normal, me recuerda que no todos somos iguales y que la gente no aprende de lo que se le dice.

Un baño de sol acaricia y atempera esas mentes gélidas, pero sueltan un queja sutil que descubre que el sol produce sombra en la mitad de su cuerpo y ello crea una diferencia térmica que estremece su espíritu. Intento acercarles al espejo térmico que me acabas de traer con la intención de aliviar tan absurdos dolores, pero los gélidos personajes emborrachados por el calor nos muelen a palos y nos rompen el espejo encima. Están de mala luna, no les hagas demasiado caso. Creo que están locos, creo que son como aquellos que dejamos antes de venir al sur.

Son gente corriente encantados de amargarse la vida. Jamás entenderán nada porque jamás se entendieron a si mismos. Yo no sé lo que entiendes tú, pero algo debes entender, cuando has dejado el mercurio donde ha caído y te has dejado sorber el seso por la mariposa, Yo no he visto que te resistieras, mas bien me ha parecido que te disponías a disfrutar de la extraña experiencia.

¿Sabes? Lo que más me gusta de este sur es la enorme sensación de libertad, no es que allí me tuvieran entre rejas, pero aquí todo es posible, uno puede pensar lo que quiera y nadie está pendiente de lo que tienes que hacer o lo que debes de decir par cumplir con los convencionalismos sociales.

Si no fuera por esos gélidos personajes que nos trajo el viento esto sería el Paraíso. Aquí uno puede remar con el futuro en el cogote, sentirse el capitán de un transatlántico y disfrutar de la brisa, sin necesidad de andar todo el día apagando y encendiendo las luces según los designios de la autoridad competente y del terrible uso social.

Sólo una cosa me preocupa... aquí falta algo de equilibrio y la experiencia me ha enseñado que uno puede pasar de todo, puede tolerar cualquier cosa, pero cuando las cosas se desequilibran... , cambian, se tuercen, se rompen, y las cosas dejan de ir bien. En este mundo fantástico del sur había algo más, había algo serio que podía equilibrarnos, Hay que buscarlo rápido, antes de que algún psiquiatra nos lleve al norte y nos encierre en el mundo material que enfrenta el espíritu a la razón.

Claro, la mariposa nos distrajo! ¡Coño un papel! ¿Recuerdas? Era la carta magna. Debe ser un papel importante, lo que ocurre es que como era un papel importante y yo lo sabía, quise hacer las cosas con los cinco sentidos y aparté las señales del automático cerebelo para acercarlas al hemisferio de la razón, y esa es la razón de mi sinrazón. El origen de mi locura, parte de mi razón y de mi interés en razonar desde el inicio cuando la carta magna cae en mis manos.

Perplejo ante mis conclusiones me siento como Heisenberg y su cierta incertidumbre, o como tú ante esta mujer tan delgada que parece un pantalón sin bolsillos...

Que haremos ahora. Cualquier intento de racionalizar y verbalizar definir o escribir la verdadera esencia de la carta magna, de la más importante carta de que dispone el ser humano para guiarse en su vida, está condenado a la locura, o a no saber donde meterse las manos.

A pesar de los riesgos de la empresa podemos intentarlo y si las cosas se tuercen nos iremos al sur y siempre podremos buscar un unicornio azul, perdido en Albanta, o quizás en el Psiquiátrico las enfermeras no sean tan anoréxicas y se les pueda meter mano...

Tengo que partir de la base de que hay algo más que ni los científicos, ni los filósofos, ni las religiones nos pueden explicar. Hay algo más que ni siquiera tú me puedes explicar. Algo trasciende mas allá del todo y mas acá del yo y eso es por convención el Absoluto. Esto te lo crees porque yo lo digo, exactamente igual que te crees que el primer número entero positivo en sentido ascendente es el uno que representa la unidad y sobre la que se han representado todas las cosas de forma indiscutiblemente real. Sin que nadie jamás haya visto un uno ni lo haya tocado pero sin que nadie pueda discutirlo ni mostrarse ateo de la unidad.

Sentada la absoluta irrealidad y desconocimiento de la realidad que nos rodea, toda especulación acerca del absoluto puede terminar con el mercurio esparcido en el espacio, de esta forma las explicaciones de las grandes religiones no pueden ser más que aproximaciones en forma de cartas y parábolas de difícil interpretación, que en la perspectiva en que nos encontramos pueden ser alternativas fantásticas para enseñar la esencia y perpetuar la tradición, pero un análisis original y sincero debe partir del propio conocimiento, de la propia experiencia mística e inmediata del absoluto. Cualquier otro método puede ser válido, loable, excelso, correcto y adecuado, pero no es el método que mi sensación de libertad recaba.

Una íntima visión monacal de mi mismo y del mundo en el que estoy sumergido me indica que más allá de mí, o más acá de mi yo, hay distintos estados de la conciencia que son más o menos inaccesibles, pero saben hacerse presentes de alguna manera.

En este instante mi respiración se acelera y el deseo de acertar en la expresión me distrae de la esencia de las ideas, mientras vienen a mi memoria las interminables emociones que vierte en forma de lágrimas San Ignacio en la intimidad del peregrino. No hay que ser un santo al servicio de su Dios para sentir emociones que trascienden el plano terrenal, y no hace falta cruzar las moradas de Santa Teresa para darse cuenta de que el Amor con mayúsculas sale de nuestro corazón en forma absolutamente celestial.

Entonces mi método de acercamiento al Absoluto no difiere esencialmente de todos los demás métodos científicos y religiosos, ya que todos estos métodos se limitan a representar una estructura de símbolos que no explica, sino que simboliza, el objeto estudiado.

La importancia fundamental de mi método es que es mio, que los símbolos, no están gastados, estereotipados, y llenos de sentidos apriorísticos determinados por otras experiencias.

Mi método es tan sencillo como el usado para aprehender la hoja de papel. En el fondo de mi corazón se enciende una luz que indica el camino... es el Absoluto. No vale la pena traducirlo en símbolos que para ti no tendrían más sentido que los usados por los demás. De todas formas hay algo que me influye, y me trasciende, quizás sea el ficus del otro día, o el sol de la carta astral, la voz de la conciencia o cualquier otro símbolo. Para mí no existe otro símbolo válido que la consciencia y la experiencia propia e inmediata del Absoluto.

Todo lo demás son intentos racionales de transmitir lo intransmisible. Uno puede tener consciencia de esa fuerza, o no tenerla, pero esta consciencia no se enseña con palabras ni con símbolos, sencillamente se tiene, se integra en la percepción de uno mismo, o se proyecta sobre los astros, los ficus o los totems.

En cualquiera de los casos uno puede vivir armónicamente con la autoexplicación del Absoluto, o puede negarse a aceptar la autoevidencia, o como es mas común puede ir haciendo movimientos ondulatorios que contienen cierta armonía y dejan al descubierto ciertos desequilibrios.

En este instante me siento armónico y con voz segura puedo decirte que encuentro la guía del Absoluto en el creador de estas lineas, y en la personalidad del que perdió su seso a manos de la mariposa, y si me apuras, puedo verlo en la misma mariposa, y en todos los animales, y en los girasoles y ... Si quieres que te diga la verdad, en todas las cosas.

Esa visión panteísta que reparte almas a diestro y siniestro elimina de un plumazo las pocas diferencias de las que podía enorgullecerme después de que la carta a los pitufos minimizara el papel del Gran pitufo.

Pero con todas sus limitaciones ese mínimo de individualidad que me queda pienso aprovecharlo mientras quede agua para navegar. Y después me convertiré en dipneo para vivir en el fango mientras no aumente la humedad.

Luego me sabrá mal no haberte contado como reaccionan los dipneos ante las circunstancias adversas, pero tienes (puedes) que reconocer que no querías aprenderlo.

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