Los pixels y La revolución de la sonrisa

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Los pixels y La revolución de la sonrisa


Apreciada Bouti, 

Te he leído en Facebook preguntando sobre Catalunya y sacando a colación las ideas Sin Fronteras y las prioridades con los refugiados. 

Tus preguntas me inspiran e invitan a explicar ideas, con el único fin de compartir lo que estoy viendo, con las personas que nos miráis desde un lugar distinto y os hacéis preguntas con ánimo de comprender. No te voy a contar lo que dicen los medios de comunicación, los tertulianos o los políticos, te hablo de lo que yo he visto y vivido en primera persona.

Antes de empezar voy a dejar clara mi posición política. Mi utopia es una artistocracia sin fronteras, tal como ya he contado estos días en mi bloc. El camino para llegar a ella lo esbocé en 2008 en la novela colaborativa “2012 ¿y qué?”. La base teórica de la artistocracia la puedes ver en este grupo de Facebook creado en 2009, y los valores en que se inspira obtuvieron el premio Joventut i Valors en 1997. Como puedes ver no es una ocurrencia de estos días ni una religión de masas, si no más bien el esfuerzo personal por imaginar un mundo en el que me gustaría vivir.  

Ya ves. Voy a votar por la independencia, pero no soy ni demócrata ni secesionista. 

Yo nací ignorante, creía que los extranjeros vivian estranja y hablaban por supuesto en extranjero. La política era un lienzo en el que se pintaba en tricromia. Azul oscuro, caqui y negro eran los colores que Iglesia, ejército y estado usaron durante décadas para pintarlo todo. Yo no lo supe hasta más tarde, pero en algún lugar estaba la caja de las ceras donde se guardaban las otras ceras de colores. Me contaron que el lienzo era nuevo y para conseguirlo habían manchado con sangre el viejo siguiendo las tradiciones. 
somriures de noia
Luego alguien abrió la caja de las ceras y una explosión de color inundó las calles, en mi casa había tradiciones azuladas y bibliotecas enteras de libros de la guerra, pero para mi eran tiempos de Universidad donde el amor y la pasión deportiva discutían el puesto al trabajo y a los estudios, así que la caja de colores recién abierta no me pilló pintando, pero vi a muchos con sus ceras rojas, naranjas, verdes, rosadas y de todos los colores pidiendo un lienzo nuevo en el que poder expresarse. El antiguo estaba convertido en cartón piedra después de décadas de azul caqui y negro. Curiosamente los tres pinceles dominante se hicieron a un lado, se reservaron su rincón y se instaló un lienzo nuevo sin recurrir al tradicional baño de sangre, aunque un montón de ceras de colores estridentes volvieron a la caja poco a poco. 

El nuevo lienzo instauró el paso de las estaciones y después de cada primavera se cerraba la caja de colores eligiendo el color de temporada, normalmente azul con pintas rojas o rojo con pintas azules, el verano lucía lleno de promesas que marchitaban en otoño para congelarse en invierno, y así década tras década pasaron las estaciones con su tradicional cambio de pinturas cada cuatro años, todo un ritual que se hizo aburrido y previsible. 

Poco a poco las primaveras fueron menguando y los otoños empezaron a exhalar el olor putrefacto de la descomposición.

Entretanto fuera del lienzo las cosas no eran mucho mejores, Biafra dejó la televisión cuando había un solo canal, y Sudan del Sur, el Sahel, y la India se hacían por turnos con las portadas de los periódicos representando las hambrunas mediáticas. Eramos seis mil millones de habitantes compartiendo el mismo planeta, el doble de los había cuando yo llegué.

Y el mundo, una vez más, volvió cambiar con las primaveras árabes, los 15M, Internet y un cambio social, en el que los taxistas de El Cairo tenían más eco que la prensa oficial. Pero ya no se trataba de abrir la caja de las ceras pidiendo un cambio en el color de moda. Ahora son pixels que aqui, allá y en muchas partes del mundo reclaman substituir los lienzos y las ceras por las pantallas y los pixels. 

Se trata de crear un nuevo espacio de expresión, los pixels no buscan un espacio para pintar cual ceras en el viejo lienzo. Los pixels han dejado de pintar y competir en los otoños de los lienzos. 

El 11 de septiembre salí de casa alegre por la mañana dejando atrás los símbolos y los colores para encontrarme con la familia y los amigos. Lo mismo que vi hacer a miles de personas. Comimos en un modesto picnic en el que cada uno trajo algo de comida para compartir. Estuvimos hablando de los temas que nos interesan, de los nietos, de mi brazo en cabestrillo, de la ensaladilla y del fin de semana, como la mayoría de la gente que a nuestro alrededor se acercaba a la Meridiana para contarle al mundo con nuestras camisetas blancas que habíamos dejado de pintar con las ceras de colores. No. No se hablaba de política, ni de Mas, ni de izquierdas y derechas, ni siquiera de recortes y reivindicaciones históricas.

Cuando las conversaciones se acercaban a temas políticos se hablaba de interrogantes, de como evolucionaría nuestro futuro en el corto y en el largo plazo. Los pixels imaginaban sus pantallas de cristal, conscientes de estar haciendo algo inmenso año tras año para cambiarlo todo y empezar a iluminar una nueva escena. 

No vi a nadie proponiendo consignas, ni compartiendo ideas políticas como hago yo ahora, no oí insultos ni descalificaciones, el único lamento de los pixels era no poder explicar mejor que no queremos romper el lienzo, ni que nos dejen pintar, ni siquiera un nuevo lienzo de lino adamascado. 

Hemos dejado las ceras que reflejan coloridas la luz del sol todos los días. Los pixels toman la energía de otra fuente, y no, no sabemos que aparecerá en la frágil pantalla de cristal cuando cada uno brille a su gusto, pero ver la sonrisa contagiosa de la gente con abuelos y niños que estuvo conmigo en la Meridiana me hace pensar que haremos algo bonito, y sin duda será más amable. 
tu sonrisa decora la tarde

Comentarios
  1. Nach ( 13/09/2015 09:09:26 )
    Ho sento, pero havia escrit això abans de llegirte... 
    http://conquistandoloinutil.blogspot.com.es/2015/09/el-motor-del-mundo.html
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